¿Una Melilla diferente o una Melilla igual? Pues usted decide…

 

Quiero hoy que hagan un ejercicio de reflexión conmigo. Imagínense ahora una Melilla más hermosa, más justa, más moderna y con más servicios. Una ciudad que sea un auténtico espacio para la convivencia de la que todos nos sintamos orgullosos. Una Melilla que compatibilice el progreso y el desarrollo con el respeto al medio ambiente.

Desgranemos esta frase que tiene mucha miga. En primer lugar, para imaginarnos una Melilla más hermosa, tenemos que imaginarnos una Melilla de 13 kilómetros cuadrados. Esto que digo que puede parecer absurdo es, en realidad, una declaración de intenciones muy importante de cara a presentar un proyecto de ciudad para Melilla. Cualquier candidatura que pretenda ganar las elecciones diciendo que va a hacer que la ciudad sea más hermosa, debe hacerlo pensando en que, fuera del centro de la ciudad, también existe Melilla, una Melilla, que está llena de basura, baches, calles cortadas, fachadas sucias, infraestructuras obsoletas… etc. ¿Que ha cambiado en este sentido en los últimos cuatro años? ¿y en los últimos diez?… seguimos.

 

Para hablar de una Melilla más justa, debemos hablar de la tasa de pobreza en Melilla. Debemos hablar de la situación insostenible que sufren más del 30% de la población de Melilla. Un partido político que pretenda obtener el voto con esta promesa, debe de poner los mecanismos necesarios en marcha no ya para detener el constante aumento de familias pobres en Melilla, sino reducirlo con políticas activas, ¿Que ha cambiado en este sentido en los últimos cuatro años? ¿y en los últimos diez?… seguimos pues.

 

Una ciudad más moderna y con más servicios, donde se compatibilice el progreso y el desarrollo con el respeto al medio ambiente, pasa por acercarse a las propuestas que otras ciudades, tanto españolas como europeas en general, han llevado a cabo. No estoy hablando de propuestas arriesgadas o de ideas peregrinas que aún no se han probado lo suficiente como para sentar cátedra, sino de sistemas reales, que llevan en algunos casos funcionando más de diez años, con el consiguiente aumento de la calidad de vida de los ciudadanos que los disfrutan. No se puede hablar de respeto al medio ambiente en una ciudad llena de coches, donde el reciclaje es un chiste y donde no se produce un sólo watio de potencia usando energías limpias o renovables, ¿Que ha cambiado en este sentido en los últimos cuatro años? ¿y en los últimos diez?… seguimos un poco más.

 

Una ciudad que sea un espacio para la convivencia de la que todos nos sintamos orgullosos, no puede permitirse el lujo de tener enfrente a la mayor parte de una comunidad étnica como lo puede ser la de los imaziguen. La convivencia pasa por el respeto al otro, a sus instituciones y representantes y a no tratarlo como si fuera tonto cuando no piensa como tu. Una ciudad donde la convivencia en igualdad de condiciones es un hecho, pasa por el reconocimiento de la realidad cultural con políticas encaminadas a, no sólo la “tolerancia”, que no es más que tener que aguantar al otro porque queda feo no hacerlo, ni siquiera el respeto, sino la asimilación de, al menos, las dos culturas mayoritarias que conviven, con el fin de construir Melilla como un espacio diferente y singular, en todos los aspectos. Vuelvo a repetir y con esta van tres ¿Que ha cambiado en este sentido en los últimos cuatro años? ¿y en los últimos diez?…

 

La frase que les exponía al comenzar mi discurso de hoy, está sacada literalmente del encabezamiento del programa electoral que el Partido Popular de Melilla proponía a los ciudadanos melillenses en el año 2007. Diez años ha tenido el Partido Popular para trabajar en el sentido de una Melilla más hermosa, y seguimos teniendo grandes y costosísimas infraestructuras, como el Campo de Golf, que hacen una buena foto para Turismo, pero que disfrutan tan sólo unos cuantos privilegiados, mientras, los residentes del Monte María Cristina, Cañada, Rastro, Reina Regente o Cabrerizas (que representan el 52% del territorio de Melilla) se preguntan donde está la Melilla más hermosa de la que hablaba Imbroda en su programa electoral. Como decía antes, una Melilla más hermosa es una Melilla de 13 kilómetros cuadrados, no de 5. Si lo que se invierte en infraestructuras en el centro de la ciudad, se expande por toda la ciudad, comenzaremos a disfrutar de una Melilla más hermosa. Se quejaba el señor Imbroda y el señor Mateo de que cuando viene algún canal de televisión a Melilla, siempre sacan lo más feo, cuando en realidad, si sigue habiendo algo feo en Melilla, no es culpa de nadie más que del propio gobierno que llevan gestionando más de diez años.

 

Una ciudad más moderna decía el Partido Popular, con más servicios y que se compatibilice el progreso con el respeto al medio ambiente. Sin embargo, en estos últimos cuatro años, como ya ocurriera anteriormente hasta hacer los más de diez que llevan en el gobierno, la Ciudad Autónoma no ha dado ninguna solución al problema del tráfico en Melilla, que supone un atraso en la modernidad de la ciudad y en su progreso. Melilla parece una ciudad de los setenta,con un parque móvil que supera ya los 50.000 vehículos matriculados. La Ciudad Autónoma no ha hecho ni una sóla propuesta para mejorar el tráfico en el centro de la ciudad donde cada vez se producen más atascos, donde ya no hay aparcamientos, donde ya es imposible conducir e incluso andar. Un centro urbano donde ya no se puede vivir porque el ruido de los coches y las motos con sus claxons, es insoportable. Aunque la oposición ha aportado numerosas soluciones a este problema, desde la menos atrevida instauración de la zona azul de aparcamiento hasta el más radical cerramiento del centro al tráfico. Todas ellas, por cierto, tomadas por ayuntamientos muchísimo antes de que ocurriera lo que hoy está ocurriendo en Melilla. Los actuales gestores de la Ciudad no se han preocupado de la contaminación acústica, no le han dado una respuesta real al problema de los desechos, del reciclaje, de los escombros, del vertido de sales al mar por parte de la desaladora, de las emisiones tóxicas de la incineradora (que por cierto afectan en gran medida a los residentes de esa Melilla menos hermosa llamada Monte María Cristina), de la producción de energía usando fuentes limpias y renovables, del respeto a la fauna y la flora de nuestro entorno, de la implantación de zonas verdes en todas las zonas de Melilla (no sólo en las interesadamente hermosas)… todo ello no lo digo yo, lo dice el hecho de que la Ciudad esté enfrentada un dia si y un dia no a la única organización no gubernamental de reconocido prestigio y trabajo por el medio ambiente de Melilla, Guelaya, que hoy, junto con otras entidades y personas respetuosas con el Medio Ambiente han tenido hasta que formar un partido político independiente para poder, desde la política, impulsar algunos delos cambios que Melilla necesita en materia medioambiental.

 

Una Melilla más justa, decía Imbroda en su presentación del programa que le llevó a ganar las elecciones en el 2007. Pero el sentido de esta justicia pasa por no acrecentar, con políticas activas, las diferencias sociales. Imbroda dice que ha puesto billetes a bajo precio en el barco y que da ayudas a través de las asociaciones vecinales, cursos de formación y vales de alimento, entre otras acciones. Adivinen que; simplemente no funcionan, o al menos, y respetando el principio del beneficio de la duda, no funcionan para lo que se supone que deben funcionar que no es ni más ni menos que crear una Melilla más justa. Mientras los actuales gobernantes se llenan la boca diciendo que los presupestos de la ciudad, estos últimos por ejemplo, son los más sociales de la historia de Melilla, en Melilla sigue aumentando el número de personas que vive bajo en umbral de la pobreza según el Instituto Nacional de Estadística, que ya va por los más de 20.000 ciudadanos de una población de 70.000. No es cuestión de entrar en detalle ahora pero, imagino que todos sabrán lo que cobran los gobernantes, lo que se gastan en comidas, lo que se gastan en promociones, en Medios de Comunicación, en coches para la Semana Náutica en viajes y estancias en buenos hoteles, en dietas… Eso si, no me hablen del paro, que eso es cosa de Zapatero.

 

Y por último, pero no por ello menos importante, El Partido Popular abogaba por una Melilla donde la convivencia fuera real y de la que todos nos sintamos orgullosos. Esta realidad pasa por un cambio radical en la actitud del Gobierno de la ciudad hacia el reconocimiento institucional de una parte tan importante de Melilla como lo es la comunidad amazigh, su lengua y su cultura y tradiciones. Esto no se arregla con una harera y un pinchito, eso no es convivencia, eso es coexistencia, y además coexistencia dentro de los espacios permitidos por la cultura dominante que además se suele llamar “española” para darle así un carácter más nacional y propio. Claro que, cuando uno dice esto, en realidad lo que está diciendo es que la otra cultura “no es española”, algo que no se atreven a decir muchos, y por eso usan la formula más políticamente correcta. Cuando el señor Gutiérrez se refirió al Tamazigh como lengua extranjera en el Congreso de los Diputados, no se dio cuenta de que esto de la convivencia en Melilla, pasaba por considerar a los ciudadanos españoles de la cabeza a los pies. El querer separar al individuo de su cultura para poder dotarlo de nacionalidad es algo que no cabe en una ciudad como Melilla. Por tanto, si los imazighen son españoles, su lengua, su cultura y sus tradiciones también lo son, y como tales deben ser, no ya respetadas sino consideradas parte integrante de esta gran cultura autóctona que debemos entre todos construir para Melilla. Por ello, el intentar meter con calzador aquellas tradiciones más ancestrales que recuerdan las victorias de unos sobre otros, casos del Estado de Sitio o de la ofrenda floral a Pedro de Estopiñán, son claros ejemplos de no considerar la cultura Melillense en su conjunto sino una parte de ella como española y la otra como, si lo prefieren, “no española”. Pero voy más allá, el no considerar la lengua tamazigh como lengua cooficial en Melilla, supone un atraso brutal en materia de convivencia. Ni siquiera existe un reconocimiento oficial de la misma, no existe ninguna dependencia municipal que oferte servicios en este idioma, no se reconoce este idioma como mérito para un puesto de trabajo, es más, en el logotipo de Melilla Turismo, no está el fonema “M” del alfabeto tifinagh, sino la letra “Mim” del árabe, que no tiene nada, pero que nada que ver con la cultura, la lengua y las tradiciones de los imazighen de Melilla. Y para finalizar, es imposible no nombrar a la religión dela mayoría de los imaziguen de Melilla, el Islam. La única institución legalmente reconocida como representante de los musulmanes de Melilla, tras un proceso democrático donde más de 3000 musulmanes votaron a su presidente, la Comisión Islámica de Melilla, sufre el ninguneo, la calumnia y la persecución del Gobierno de la Ciudad. Si, si, el mismo gobierno que decía en el 2007 que iba a construir una Melilla donde la convivencia sería el orgullo de todos. La federación de asociaciones llamada CIM, contando con una aplastante mayoría de musulmanes que la apoyan como su representante en Melilla, ha obtenido el apoyo de las asociaciones que conforman la Comisión Islámica de España, entidades que representan, de nuevo, a la aplastante mayoría de los musulmanes de España. Ah, eso si, se me olvidaba, ayer salía en el diario Melilla Hoy un artículo firmado por la FEME, diciendo que no compartía las acusaciones vertidas por la CIM contra lo que es, a todas luces, una persecución injusta de los musulmanes en Melilla cuando se les invitaba a irse del país o el insulto cuando se les consideraba un grupo terrorista… la misma FEME que está formada en su mayoría por marroquíes, donde además se encuentra federada la asociación NUR de Melilla (la de Yusef Kaddur y su escrito llamando a Melilla, ciudad ocupada) y cuyo presidente, Yusef Fernández, le daba a Imbroda el premio Islam y Convivencia. Curioso artículo, no obstante, cuando dice que no pueden creer que el gobierno de Melilla esté persiguiendo a la CIM después de conocer los extremos que antes he citado, argumentando que en Melilla el fenómeno del hiyab está normalizado y que se considera el Eid el Kebir como festivo local. Y digo curioso porque miembros del gobierno de Imbroda ha declarado cosas muy interesantes sobre el hijab como que supone un símbolo de opresión a la mujer (Mari Carmen Dueñas), o que a ninguna niña menor de 18 años debería de permitírsele ponérselo (Juan José Imbroda), al margen de la consabida ley de integración que los Populares (entre ellos los que nos gobiernan en Melilla) propusieron para las Generales del 2008, unas medidas parecidas a las de Francia que provocaron la salida del señor Imbroda asegurando que “en Melilla esta medida no se va a adoptar porque aquí el uso del hijab es cultural”. Y por otra parte la implantación del Eid el Kebir como festivo local, algo que si tiene un artífice es Coalición por Melilla, que consigue que se imponga después de haberlo pedido en numerosas ocasiones durante más de 5 años, obteniendo el no por respuesta en todos los casos… menos en el último.

 

Que pasen una feliz velada.

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