Melilla, ese compartimento estanco del submarino Europa

 

Hace tan sólo unos días, sabíamos de la noticia por lo medios de comunicación locales, tres personas morían calcinadas en una chabola construida en forma de jaula, que sus ocupantes construyeron para escapar del terror del CETI. Según algunos muy atrevidos, los ocupantes de las chabolas no quieren estar en el centro de estancia temporal de inmigrantes, por “voluntad propia”, según las asociaciones que trabajan directamente con ellos, la situación es muy diferente.


Les cuento una historia, escúchenla porque es escalofriante. A las 7 de la mañana 6 furgones de la policía nacional rodean el CETI de Melilla mientras los inmigrantes estan durmiendo. Venían a coger ‘morenos’ de Mali, Nigeria y Senegal. Entraron y los despertaron con gritos mientras localizaban a los que iban buscando. Uno de los detenidos era un nigeriano pareja, y padre del hijo, de una joven nigeriana que sale de la habitación pidiendo que no se llevaran a su compañero, la mujer tenía al niño en brazos y no paraba de gritar cuando uno de los policías le quitó al hijo, lo dejó en el suelo, la empujó y le pegó mientras otro se llevaba a su novio. Ese día se llevaron a otros 3 subsaharianos.

Esta “historia” que puede parecer de otros lugares, o de otros tiempos, no es más que la historia real y actual de Melilla, a unos pocos metros de nuestras casas, donde café y tostada en mano, vanalizamos sobre la muerte de estos tres inmigrantes, quemados vivos, como si se tratara de algo lejano, que no va con nosotros.

Las detenciones dentro del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla se han multiplicado desde el año 2009 y las fechas y horas de las operaciones varían continuamente. Antes llegaban los lunes por la mañana, los inmigrantes se levantaban de madrugada y salían del CETI antes de que llegaran, pero desde hace algún tiempo la rutina ha cambiado y se ha extendido entre los internos una sensación de inseguridad que ha llevado a un grupo cada vez más numeroso de inmigrantes, a abandonar el centro y trasladarse a chabolas fuera del centro, en los alrededores del mismo, en el caudal del Rio de Oro o en las faldas del cerro de Palma Santa. Una de estas chabolas, fue la celda de muerte, la jaula en la que estas personas se encerraban cada noche para no ser sorprendidos mientras duermen.

En el CETI hacen que te sientas como un delincuente, dicen los internos, que cuentan como ven bajar de los coches a los policías armados y no dejan salir a nadie de su habitación. Entran en todos los cuartos y los despiertan gritando y les hacen enseñarles la identificación. A los nombres que coinciden con la lista de las expulsiones se los llevan. Mientras unos agentes realizan la búsqueda dentro otros esperan fuera rodeando la valla para evitar que alguien pueda escapar. Allí la gente ya sabe cómo funciona esto, hay grupos que pasan la noche despiertos y avisan a los otros cuando llega la policía. Es una locura, se puede a hombres y mujeres que salen corriendo y saltan las vallas, muchos se caen o se clavan los hierros, se hacen heridas y se rompen huesos que por miedo a ser expulsados no son tratados adecuadamente porque no van al médico del centro. ¿No les suena este tipo de centros de algo? ¿son ustedes conscientes de lo que ocurre allí diariamente?

Fíjense en este detalle, los que ya no pueden soportar esta situación han dejado de arriesgarse y se han ido a las chabolas, porque prefieren el frío y los plásticos a vivir con el miedo de ser devueltos a sus países. La mayoría son hombres porque las mujeres embarazadas o con niños duermen en el CETI, saben que ellas corren menos riesgo de ser deportadas. La paradoja es que, siendo que escaparon del CETI para evitar ser expulsados a sus países y sufrir el miedo del acoso nocturno de las redadas, encuentran en su “refugio”, no la expulsión, sino la muerte.

Al principio eran unos 50 subsaharianos los que vivían fuera del CETI pero desde hace ya algún tiempo, este número de ha multiplicado y ahora hay asiáticos también. Es una situación muy dura, imagínense, estar viviendo a la intemperie en pleno invierno, con la lluvia, el viento, las tormentas, el frío… hagan este ejercicio de solidaridad, imagínense uno de esos días de crudo invierno en Melilla, con viento de levante, cuando está usted bajo su manta en su casa con calefacción, que otros están, a pocos metros de usted, viviendo en el barro, rodeado de plásticos, tiritando de frío y sin tener casi nada que echarse a la boca. ¿Casi nada?, les explico; muchos trabajan como aparcacoches y el dinero que ganan lo juntan entre todos para comprar comida porque saben que si van al CETI se la juegan. ¿Sabían ustedes que la policía aparece de vez en cuando por el recinto a la hora de la cena, precisamente?

El fenómeno de los inmigrantes abandonando el centro, coincide con las deportaciones en masa. Generalmente, a lo largo del año suele haber pequeños grupos viviendo fuera pero cuando aumentan las repatriaciones el número es muy superior, como también lo es el miedo. Otro dato curioso, según fuentes creíbles que incluyen a su propia esposa uno de los hombres calcinado en su chabola estaba castigado por el centro a dormir fuera y los otros dos dormían con él para acompañarlo. El régimen interno del centro prohibe la vida familiar y conyugal o hacerse su propia comida, entre otras cosas. Los residentes tienen suspendidos cualquier derecho social, económico o político. El régimen interno y disciplinario del centro es peor que el de las cárceles y además los internos viven continuamente vigilados por funcionarios, servicios de seguridad…. Hacinados en pequeñas habitaciones, sin lugares de ocio. Se trata de una bomba de relojería que está estallando con pequeñas dosis de muerte, como la acaecida durante el pasado fin de semana.

Los inmigrantes retenidos en Melilla son uno de los colectivos de inmigrantes más vulnerables. La mayoría de ellos salieron de sus países hace más de 4 años engañados por las mafias y seducidos por el sueño de encontrar en Europa una vida mejor para ellos y sus familias. Durante los años de travesía por África, han sido maltratados y encerrados por las mafias, reenviados al desierto varias veces sin agua ni comida, despojados de sus pertenencias y documentación, han tenido varios intentos frustrados de entrar en Melilla poniendo en grave riesgo su vida… Actualmente llevan años sufriendo una situación de absoluta desesperación, inseguridad y miedo ante una posible expulsión en cualquier momento. Sienten que lo han perdido todo, que han arruinado a sus familias y que están perdiendo su juventud.

Además, viven sin poder salir de Melilla y en un auténtico limbo jurídico al que las autoridades no han dado respuesta durante años. Ha pasado años en el CETI, sobrepasando escandalosamente el tiempo razonable de estancia en un centro de naturaleza temporal cuyo objetivo fundamental es dar una “primera acogida y servicios y prestaciones sociales básicas” a los inmigrantes que cruzan la frontera. Ello se debe, fundamentalmente, a que el Estado no es capaz de ejecutar las órdenes de expulsión por falta de documentación, ausencia de acuerdos de repatriación o falta de medios económicos. Por otro lado, no existe ninguna norma legal o administrativa que establezca los límites máximos de estancia en estos centros. Además, el hecho de que no se permita el empadronamiento de inmigrantes en situación irregular en Ceuta y Melilla supone un recorte a sus derechos como inmigrantes, a diferencia de cualquier otro inmigrante que se encuentre en el resto del territorio español. El empadronamiento es la llave de acceso a derechos básicos como la asistencia sanitaria, del que sí gozan los inmigrantes que viven en la península. Finalmente, dadas las escasas dimensiones de nuestra ciudad, no pueden moverse y tienen muchas dificultades para ganarse la vida.

Con todo, estos inmigrantes han dado prueba de una enorme calidad humana y agradecen lo poco y lo mucho que reciben de la población de Melilla y de todas las personas que se han acercado a conocer su realidad.

¿quien es el culpable de esta situación? ¿quien ha matado a James, Michael y Daniel?

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