Lo que los melillenses necesitamos; acciones no promesas

 

Hoy vengo a hablarles de lo que necesita Melilla de su Gobierno. Todos los melillenses sabemos que en nuestra ciudad hace falta un cambio, y este cambio debe producirse porque en los últimos años, el Ejecutivo Local ha tenido una forma de gobernar que no se ha ajustado a las necesidades de muchos ciudadanos.

En primer lugar, Melilla necesita urgentemente de una política de AUSTERIDAD. Melilla necesita un gobierno eficaz, centrado en dar respuesta a los problemas reales de la gente y que sirvan al interés público. Nuestro tiempo pide hacer más con menos, eliminar lo superfluo, como las comidas opulentas, los contratos publicitarios millonarios y las Semanas Náuticas del langostino y el glamour. Hay que actuar con responsabilidad y lograr una mejor administración de los recursos de todos los melillenses. Los grandes proyectos colectivos sólo pueden llevarse a cabo con éxito cuando las administraciones públicas son austeras.

Otra de las cosas que debe ser una guía para el gobierno de la Ciudad es la TRANSPARENCIA Las actividades de la administración pública deben ser transparentes. El ciudadano debe tener acceso rápido y fácil a la información de su ayuntamiento, deben de retransmitirse los Plenos de la Asamblea en directo, como se hacía antes de Imbroda, y la Oposición debe ser respondida con prontitud y siempre a cuantas reclamaciones de información sean necesarias. Eso de responder “por escrito” cuando la oposición pregunta por algo inconveniente en un Pleno debe acabarse, y sobretodo, debe haber debates públicos, como en cualquier lugar del mundo democrático, en los medios de comunicación que así se acuerden entre la oposición y el Gobierno. Debe de haber más contratos bajo concurso público y menos obras de menos de 30.000 euros y, desde luego, la oposición debe estar representada en la mesa de contratación y de la Asamblea. Eso es la definición de un gobierno transparente. Como compromiso general, los actos, los informes, los procedimientos administrativos deben estar a disposición de los ciudadanos, se debe habilitar una página web que no sólo sirva para el autobombo de los que gobiernan sino como lugar de encuentro digital de los ciudadanos, para que todas las decisiones que se toman, los consejos de administración de las sociedades públicas, los consejos de gobierno y de todas las consejerías, sus actas, etc, estén disponibles para su descarga. Las Administraciones deben estar comprometidas a rendir cuentas de manera permanente. El próximo gobierno de la ciudad no puede permitirse que lo lleven al Tribunal Superior de Justicia para obligarle a dar información a la oposición.

Cualquier gobierno que se presente a las elecciones de mayo, debe proponer una REGENERACIÓN. Hay que comprometerse a recuperar el prestigio de nuestras instituciones con una acción política responsable y ejemplar. Hay que dejar la política del miedo, del uso partidista de los poderes y el dinero públicos. Una acción política que no sólo sea limpia y respetuosa con las reglas y con los procedimientos de nuestro Estado de Derecho sino que, además, impulse la limpieza y el respeto a esas reglas en todos los ámbitos de la vida pública. No se puede consentir que el gobierno marque una política subvencionista tal que hasta el Tribunal de Cuentas haga sonar la alarma, advirtiendo de que muchas de esas subvenciones, algunas encubiertas en “convenios”, hagan tambalearse el derecho legítimo de otras entidades a concursar en igualdad de condiciones por este mismo ingreso, es decir, un medio de comunicación debería poder contar con una garantía para que el dinero que recibe de la ciudad autónoma sea ajustado a lo que se merece, basándose en un baremo objetivo.

Melilla necesita de una corriente REFORMISTA. El impulso reformista debe constituir el núcleo del proyecto de cualquier partido que quiera presentarse a las elecciones de mayo para los próximos 4 años. Melilla necesita reformas para mejorar, reformas para ganar el futuro, reformas que puedan ser ampliamente compartidas, o lo que es lo mismo, que sean del agrado de todos, oposición y Gobierno. Melilla no puede seguir anclada en un pasado que se nos escapa de las manos, con la liberación de aranceles, la situación de la economía a nivel mundial y los cambios demográficos tan drásticos que han dibujado una nueva sociedad melillense llena de necesidades específicas. Melilla necesita un gobierno que acepte su responsabilidad en temas como el transporte, el paro o la pobreza. Si el gobierno de la ciudad va a estar echando la culpa a Madrid de todos los problemas, nunca va a hacer un esfuerzo por solucionarlos. Aunque Melilla no tenga competencias en estos temas, es bien cierto que tiene dinero también, no se puede hablar de que la responsabilidad de la solución del transporte es exclusiva del Gobierno y luego darle a la compañía 16 millones de nuestros euros.

La LIBERTAD es uno de los regalos más importantes de nuestra Carta Magna. Una sociedad más libre es una sociedad más humana. Por eso debemos asegurarnos de que el ejercicio de la libertad, en todas sus manifestaciones, sea real para todos los melillenses, no sólo para los que dicen lo que queremos oír. El próximo gobierno de la ciudad debe estar dispuesto a que lo critiquen, y aceptar que esto ocurra porque no existe ningún gobierno perfecto y la labor fiscalizadora de la oposición debe ser escuchada. El próximo gobierno de la ciudad no puede dejar que haya un campamento afincado en la Plaza de España durante tres meses mientras que unos cuantos manifestantes son desalojados por la fuerza por la Policía Local, porque su discurso no era conveniente. No se puede proceder a la expulsión de un representante popular en una Asamblea, porque lo que dice no gusta. La libertad de información y de expresión deben ser respetadas con la máxima escrupulosidad, no se puede permitir que informadores y opinadores melillenses tengan que medir sus palabras continuamente por miedo a las denuncias por injurias y calumnias, que además se pagan con dinero público. Cuando la sociedad española confía en sí misma sabe generar las iniciativas necesarias para recuperar la senda de crecimiento y bienestar.

En Melilla hay que generar OPORTUNIDADES. Los melillenses queremos una Melilla de las oportunidades, no que nos digan que para poder ser alguien tenemos que irnos fuera. Necesitamos que nuestra ciudad genere empleo y posibilidades de formación para que sean de fuera los que vengan a Melilla y no los de Melilla los que se vayan fuera. Tendremos una sociedad más justa si mejoramos la calidad de la educación y convertimos el mérito en el principal criterio de éxito y promoción social, el ver como familiares y amigos de los gobernantes son los que siempre consiguen los mejores puestos de trabajo y gente con estudios y experiencia se queda en la calle, hace que Melilla sea la de las oportunidades para unos pocos. Por otra parte, una Melilla con mejor acceso a la educación, es una Melilla más competitiva y, por tanto, capaz de crear más y mejor empleo para todos.

El próximo gobierno de la ciudad debe transmitir CONFIANZA El Ejecutivo local debe confiar en las posibilidades de Melilla, de sus recursos, en las capacidades de nuestra sociedad, que por otra parte es multicultural, con la riqueza que ello conlleva. La confianza es, en sí misma, un motor de mejora. La confianza es necesaria y posible porque las cosas pueden y deben cambiar. Melilla necesita de un gobierno que no gaste un 90% del presupuesto anual para teatro en compañías profesionales foráneas, mientras que ahoga a las pocas compañías locales que sobreviven gracias al esfuerzo de sus componentes. Melilla necesita de un gobierno local que confíe en sus ciudadanos a la hora de elaborar proyectos de gran envergadura, no que siempre que hay que hacer algo medianamente grande, viene una empresa de fuera para realizarlo, esto genera también empleo, y es algo que no es competencia del Gobierno Central. En definitiva, en Melilla hay buenos músicos, actores, cantantes, poetas, escritores… que tienen que irse fuera de la Ciudad para poder triunfar, muchos de ellos coinciden en afirmar que su ciudad no los apoyó cuando estaban empezando y que ha sido fuera de Melilla cuando se les ha reconocido.

Más de lo mismo, debemos seguir reclamando en Melilla el DIÁLOGO. Un partido que pretenda ganar las elecciones debe comprometerse, ante notario, a promover el diálogo entre el Gobierno y la oposición, sin olvidar a las fuerzas sociales y los representantes legales de los colectivos. No pueden ponerse trabas a este diálogo con frases como “ustedes no son políticos homologados para debatir” o “la Ciudad sólo tiene relaciones con las asociaciones que colaboran con ella”. Los melillenses necesitan de un gobierno que crea en el diálogo y lo practique en todas sus variantes para intentar llegar a las mejores soluciones para todos, no sólo para unos pocos. No se puede consentir que el presidente de la Ciudad diga que “los musulmanes no necesitan representantes porque su representante soy yo”. Un gobierno para Melilla debe buscar amplios acuerdos políticos, no aplicar la mayoría absoluta con la técnica del rodillo apisonador; buscar puntos de encuentro en todo aquello en lo que el consenso beneficie a los melillenses. No se puede consentir que un gobierno lo haga el un 99% de los casos con los únicos votos favorables de su formación, siendo que hoy, en la Asamblea, sólo son 15 frente a 10.

Si hay algo que nos caracteriza para lo malo en Melilla es la tremenda tasa de pobreza que llega a alcanzar a un 30% de la sociedad, por tanto, La SOLIDARIDAD es uno de los ejes fundamentales de cualquier programa electoral que quiera llegar a gobernar en Melilla. Los melillenses queremos una sociedad solidaria que no deje nunca a nadie al margen cuando las cosas le van mal. Melilla debe dejar de ser una ciudad dividida en dos grandes bloques; los que tienen mucho y los que tienen poco, y para ello se deben llevar a cabo políticas activas, no se puede permitir que el gobierno haga oídos sordos a esta realidad y de mil excusas para no responder a una simple pregunta formulada por la oposición en más de 20 ocasiones “¿que es lo que ha hecho su gobierno para paliar la alta tasa de pobreza en Melilla?”. Melilla debe además ser una sociedad agradecida con nuestros mayores y responsable con las generaciones futuras.

Y por último, Melilla necesita ser un templo de COHESIÓN. Los melillenses queremos una ciudad cohesionada, sin barreras artificiales, en la que la diversidad sea un valor al servicio de todos y no una ocasión para la división. No podemos seguir viviendo en el limbo, donde la cultura amazigh, presente en el 50% de la población de Melilla tenga una presencia testimonial en cuantos actos y actividades se realizan en Melilla. No podemos olvidar que existe una población multicultural en la ciudad, no sólo para hacerse la foto de turismo, sino para fomentar el diálogo y el trabajo en equipo para una Melilla mejor. El hecho de que una gran parte de esta población esté aglutinada en un sector determinado de la sociedad, que suele vivir en barrios marginales y sufren en mayor medida los problemas de la falta de empleo y formación, debe hacer saltar las alarmas.

 

Pues bien, todo esto es lo que se le pide al nuevo gobierno resultante de las urnas el próximo día 22 de mayo. La cuestión es que se exige todo esto porque hay algo con que compararlo y no es otra cosa que el Gobierno que durante 10 años ha estado dirigiendo los designios de la ciudad y que, por lo que se puede comprobar fácilmente, no ha sido un ejemplo de lo anteriormente descrito. La cuestión fundamental es que, todo lo que les he relatado, está copiado literalmente del manifiesto de los diez mandamientos del Partido Popular y digo que es curioso, porque es precisamente el Partido Popular de Melilla, el que no ha dado ejemplo de lo que ahora se compromete a hacer. Por lo tanto mi tesis de la semana pasada sigue vigente y en pie; el Partido Popular de Melilla, no es el Partido Popular de España, no es lo mismo, no puede ser. Quizá para Melilla, un gobierno del Partido Popular, según rezan estos mandamientos, sería el gobierno ideal, pero es que en Melilla, el Partido Popular no es el mismo que el de Rajoy.

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