Dictadura con piel de cordero

(El video estará disponible en breve)

Los melillenses ya no pueden disfrutar de la política. No es que se pueda disfrutar mucho de ella, pero el morbo de no saber qué argumentos traen los unos y los otros para convencernos de lo que es mejor para el pueblo, ya no se dan en los Plenos. No señores, la política democrática se ha acabado en Melilla y me explico.

Como en cualquier república bananera, si usted le pregunta a alguien en la calle ¿sabe usted lo que va a pasar con esto o con aquello?, uno mira el reloj y dice: “pasará lo que el presidente quiera que pase, que es lo que siempre pasa”, al calor de la revolución y usando el miedo del recuerdo de aquellos que vivieron tiempos peores, los dictadores siguen apoltronados en sus sillones de poder, gracias al pueblo que le “vota”. Pero el pueblo es consciente de tener un dictador, no se le vende la idea de una democracia, con debate, con diferencia de opinión, no, se le dice claramente, que hay una oposición al gobierno, pero que no cuenta para nada a la hora de gobernar, fiscalizar, pensar e incluso a veces existir.

 

Los medios de comunicación en una dictadura, están vendidos al poder de la revolución. Bueno, viven de ello realmente, porque de otra forma no podrían existir. Hoy en día está muy de moda decir eso de que “hay libertad de información” porque no se influye en los medios directamente, siendo éstos empresas privadas dirigidas por personas supuestamente independientes. Pero también está de moda el subvencionar con alguna u otra fórmula a dichos medios, algunos convertidos en “públicos”, donde el bombo y el platillo que se le da al gobierno, está sólo reñido con el ninguneo o la descalificación de la única oposición al gobierno dictatorial.

 

Cuando uno se encuentra en una dictadura, no tiene porque saberlo. Hay que ser un poco versado en modelos políticos y haber viajado mundo, para darse cuenta de los pequeños detalles que diferencian una verdadera democracia de una dictadura. No todos los dictadores visten de militar, fuman habanos y dan discursos de horas, no señores, también los hay con chaqueta y corbata, comiendo langostinos y dejando que otros ladren en su nombre usando seudónimos.

 

Lo que distingue una dictadura de una democracia es precisamente la diferencia de opinión y el debate. Pero además un debate que influya de una u otra forma en las decisiones de un gobierno que debe estar siempre por debajo de la asamblea de representantes. Porque cuando los representantes del pueblo se reúnen en un foro de debate y no se les escucha, se les interrumpe constantemente aplicando un reglamento ideado, interpretado y aplicado por el Gobierno, y al final, cuando llega la hora de votar, no se tiene en cuenta ni un ápice de las propuestas, inquietudes o denuncias realizadas por la Oposición, se le está quitando representatividad al pueblo. Esto es clave, a la hora de distinguir una democracia de una dictadura, pues es el primer paso que dan los gobiernos autoritarios cuando llegan al poder en condición de mayoría absoluta.

 

Los plenos de una asamblea democrática son sorpresivos, o al menos deben serlo en su mayoría. Cuando uno puede tomar en su mano el orden del día y puede acertar en más de un 80% lo que va a pasar cuando se llegue a la votación de cada uno de los puntos, si usted es capaz de ganar una quiniela usando los puntos a votar de un pleno, eso quiere decir que esa asamblea es de una dictadura, no una democracia. Puede que la oposición tenga su sillón, puede que tengan su micrófono y puede que tengan su tiempo para hablar, pero todo es una patraña urdida para dar la sensación de democracia, cuando en realidad se trata de una dictadura. Imagínense un pleno de esta guisa: Los diputados de la oposición piden información al gobierno para poder fiscalizar sus actividades, el gobierno estira los plazos de entrega de información y escudriña los documentos en busca de fallos para no admitir las preguntas, o retrasar la recepción de documentos, amén de dar, cuando no hay más remedio, un sinfín de folios inútiles donde la oposición tendrá que rebuscar lo que necesita. Como además la oposición no cobra por su trabajo, los diputados sacan tiempo libre quitándoselo a sus hijos para poder estudiar los miles de folios que les entregaron a última hora. Una vez que llegan al Pleno, sólo con las preguntas que han sido admitidas, se les aplica el reglamento de manera leonina, no dejando ni un sólo segundo de más, ni una palabra de más, ni un comentario fuera del tono que al gobierno le interesa, porque quien preside el debate está claramente identificado con el Gobierno, además de recibir señas desde el banquillo del presidente cuando algo no interesa que se diga y se quiere interrumpir. Responda a este sencillo test ¿Tras este escenario hipotético, de qué cree usted que hablamos?… A de dictadura o B de democracia?

 

Y claro, se llega a la lógica conclusión, que no es otra que pensar “Pues el pueblo ha elegido y si eso es lo que quiere el pueblo pues bueno es…” y tienen razón… a medias. Me explico, el pueblo es soberano, pero para serlo en condiciones de madurez hay que tener en cuenta una serie de garantes que las falsas democracias no tienen. Sería una tontería pensar que lo que quiere un niño es lo mejor para el, simplemente porque ha sido él mismo el que lo ha pedido. Lo mismo pasa con el pueblo, que no es un ente homogéneo, sino que está lleno de pequeñas particularidades y que a la hora de votar, no lo hace sabiendo muchas veces lo que hace. Por eso existen las garantías democráticas. Por ejemplo, en una democracia, el pueblo es informado puntual e independientemente de los asuntos que acontecen en la ciudad. ¿De que manera se hace esto?, muy sencillo, se establecen cauces que aseguren la pluralidad de la información, no se deja “al libre albedrío”, se regula de manera exhaustiva para asegurarse de que el pueblo está informado correcta y completamente de todo.

 

Si en una democracia, se subvenciona a través de convenios publicitarios millonarios a algunos medios de comunicación, debido a que no podrían de otra manera subsistir, se debería procurar establecer una garantía democrática que evitara que quien otorga tan cuantiosa subvención, que no es otro que el Gobierno democrático, se vea beneficiado a la hora de ser tratada la información relativa a él, y perjudicada por ende la oposición a este gobierno, que es lo que distingue una asamblea dictatorial de una democrática. Pero cuando las subvenciones se otorgan de manera caprichosa, sin tener que contar ademas de manera obligatoria con la opinión, ya no digo voto, de la oposición, una de las garantías más importantes a la hora de informar al pueblo antes de que pueda votar, se anula. Es como si al niño no lo llevamos al colegio, ergo no aprende, ergo no puede tomar decisiones maduras en su vida. Esto convierte a la democracia en una dictadura encubierta.

 

En una dictadura, el gobierno jamás saldría en igualdad de condiciones, pactadas, en un debate público fuera de las reglas de juego de la Asamblea, que recordamos las controla él. En una democracia, el debate está a la orden del día, es algo que distingue claramente un régimen dictatorial de uno democrático. La excusa de un régimen dictatorial con piel de democracia, es siempre la misma: “No debatimos con la oposición porque la oposición no sabe debatir” o mejor aún “No debatimos con la oposición porque ya tenemos bastante con los plenos”.

 

Y podríamos seguir hablando de todas las características que tiene un gobierno dictatorial escondido tras un manto virtual de democracia, pero creo que ya se van haciendo a la idea.

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